Basado en hechos reales: Menos pensar y más fornicar

viernes, octubre 06, 2017

Meto la llave en la cerradura de casa, con prisas. Después de trabajar todo el día, tan solo quiero llegar y quitarme el sujetador. Los tacones hoy me queman y tan solo pienso en poder dormir. No quiero ni cenar, las ojeras me las piso y mi pelo ha perdido la batalla hoy. Suena el teléfono y miro la pantalla:

Ilustración de Conrad Roset


- Quiero verte

Sonrío. Hace un mes que no sé nada de él. Recuerdo la última vez que nos vimos y pienso en lo bien que lo pasamos. Nunca quise casarme con él. Ni que fuéramos novios. Ni que me diera explicaciones. Tampoco quise que me escribiera al día siguiente. Lo habíamos pasado demasiado bien aquel día y a los dos nos valía. Cojo el móvil y pienso en qué contestar.

La opción A, es la que hubiera elegido siempre. Hacerme la digna. Aunque me muriera de ganas. En dos segundos hubiera hecho un listado de pros y contras y me hubiera dado igual el resultado porque iba a seguir pensando que no debía hacerlo. Me hubiera guardado mis ganas en lo más profundo de mi cabeza y hubiera luchado por "quedar bien". ¿Ahora va a venir a decir que quiere verme? Si no nos hemos visto en un mes. Como si fuera una cualquiera. 

Y ahí está. La opción que casi siempre elegimos. Pensar. Y pensar más. Como si pensando fuéramos a vivir la vida correcta. La gente nos enseñó que hay que ser gente de bien y hacerse respetar. Ya sabemos eso, de no le escribo si no me escribe antes. Yo no le llamo porque va a pensar que soy un arrastrado. Yo no le voy a decir de vernos porque a ver si se piensa que me gusta. Y así un sin fin de cosas que nos dejan en el círculo vicioso del "pensar". 

Porque vivimos haciendo lo que se espera de nosotros. Lo que se supone que es correcto, sin pararnos a pensar algo:

¿No será más correcto hacer lo que nos apetece?

Y llegó el día que elegí la opción B. Y tuve que inventarla porque no sabía cómo se hacía. No sabía lo que era que me apeteciera algo y hacerlo. Sin pensar. Daban igual las consecuencias o lo que pudieran pensar los demás. A mí me apetecía. Fin. 

Así que me hice un moño y volví a ponerme mis tacones. Me pinté los labios de burdeos y cogí el móvil:

- Voy

No se paró el mundo. Elegí pensar en mi y en mis ganas. Y en que la vida es una. Y que las historias no pueden quedarse a mitad. Elegí que "fornicar" era más divertido que pensar. Y que las normas de mi vida eran mías. Que hacerse los dignos solo iba a dejarnos con más ganas y menos placer. Que las dudas vuelan cuando la ropa está en el suelo. Que la sociedad nos enseña a seguir un camino pero nunca nos dijo que ese fuera el más divertido. Que los prejuicios se nos olvidaron en el primer beso. Y que aquellos fuegos artificiales eran dignos de repetir. Y no necesitábamos un anillo en el dedo o una promesa de amor eterno. Tan solo nos prometimos que aquella noche, quemaríamos Madrid. Y no me arrepiento. Por primera vez no me arrepiento. Porque me podían las ganas y ya estaba bien de ir dejando libros a medio leer por no ser la historia que todos esperan. Porque hay historias que solo se escriben bajo unas sábanas. Y la dignidad es demasiado aburrida cuando se trata de rozar tus manos. Y que el mundo es más divertido cuando nos metemos en el huracán.

Menos pensar.
Más vivir.

#MenosPensarMásfornicar


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