Basado en hechos reales: Cuando conocí a Grey

viernes, octubre 07, 2016

Eran las ocho de la mañana y el sol entraba por las rendijas del taxi. La cabeza me daba vueltas y maldecía no haber dicho que no a esa última copa. Era temprano pero seguía haciendo demasiado calor, tenía la frente apoyada en la ventanilla y notaba como todavía me quedaba carmín rojo en los labios. Luchaba para que los párpados no acabaran dándose por vencidos, cuando de repente le vi.
Estaba apoyado en su moto, con la sonrisa de siempre y un pitillo en la mano. Siempre odié el tabaco. Se estaba colocando el casco y sus ojos seguían tan expresivos que parecía que pudieras leerle la mente con solo mirarlos. Estaba tan guapo como siempre, o quizás más guapo que nunca. 



El taxi aceleró y le perdí de vista. Recordé las únicas dos veces que le había visto antes. La primera vez que cruzó la puerta llevaba una camisa aguamarina de lino perfectamente planchada. Cruzó toda la sala y vino directamente a mí, obviando al resto de personas que nos acompañaban. Me dio dos besos con fuerza, mientras noté cómo había repasado cada uno de mis lunares. Todo lo demás lo he olvidado, en ese momento, las chispas saltaban a diestro y siniestro. Pero nunca más supe de él.

Volvamos al taxi. Saqué el móvil y dudé. Como siempre. Siempre soy de esperar. Soy de sentarme en lo alto de la torre a esperar que vengan a rescatarme. Soy de morirme de miedo antes de echarle huevos a las cosas y vivirlas. Soy de callarme la boca porque pienso que sentir es de débiles. Pero ese día fue diferente. Ese día recordé la frase de una buena amiga: "Deja que la vida te sorprenda y recuerda que la chica que yo conozco, jamás se quedaría a esperar qué pasa. Ella saldría ahí fuera y haría que pasase".

SMS ella: Acabo de verte en tu moto. Han pasado muchos años.

SMS él: Me apetece verte. Te invito a desayunar.

- Perdone señor, vamos a cambiar la dirección de destino.

Eso, de destino. Nos engañamos esperando que todo llegue porque está escrito en el destino. Excusa barata que tenemos los cobardes que no somos capaces de abrirnos en canal por una jodida vez y empezar a vivir sin miedo. A lo que pase, a lo que venga. Dejar de vivir anclados en el pasado porque nos aterroriza que el futuro no sea como esperamos, porque nos aterra no saber qué nos espera o quién nos espera. Y nos quedamos estancados en los mismos recuerdos, en las mismas personas, una y otra vez. Sin darnos cuenta que lo que está por venir, puede salir mal o puede salir jodidamente bien.

Mientras pulsaba el botón del ascensor de su piso, me repetía una y otra vez en mi cabeza: ¿qué haces aquí? Realmente no nos conocíamos de nada y habíamos intercambiado no más de dos conversaciones. Al abrirse las puertas del ascensor, ahí estaba él. En ese mismo momento, pensé que podía morirme, porque el corazón me latía mucho más rápido del ritmo permitido. Le di dos besos, y me perdí. Otra vez esa colonia. Esa maldita colonia, que anula todos y cada uno de mis sentidos. Esa colonia con la que existe una conspiración y todos los hombres que me importan, han decidido llevarla.

Al entrar en la mesa había tortitas de Nutella, gofre de chocolate y un batido de oreo. Los detalles. Podría haberme casado en ese mismo instante. Empezamos hablando de trabajo y acabamos hablando de BDSM, ¿por qué se nos olvida siempre hablar de BSDM? Siempre fui fiel a las mentes liberales. 

Y me perdí. Y sus ojos podían ganarle la guerra a cualquiera. Nunca me habían temblado tanto las piernas, ni nunca había vomitado tantas mariposas sin estar enamorada. Era electricidad. Feeling. O llámalo como quieras. Pero ERA. En mayúsculas. Y gritándolo o susurrándolo, como quieras. Pero ERA. Y me di cuenta, que los libros siempre están basados en hechos reales. Y que a veces te cruzas a Grey. Y que es de mala educación no saludarle. Y que la realidad siempre supera a la ficción. Y es que esta vez la realidad se había reído de la ficción. A carcajadas. Y es que hay personas que saben lo que es llegar a la meta sabiendo que "quizás si o quizás no" pero que hemos venido a jugar. Y como dice Bridget Jones: "esta historia no espera una llamada". Me perdí en sus manos. Pero es que llevaba el caos tatuado en sus caderas.

Y después de conocer el caos ¿qué?

Después de aquello no hay más. Tan solo te das cuenta de que dejamos que los demás decidan por nosotros y que el día que tomamos las riendas nosotros, acabamos eligiendo el nuevo destino. Que siempre nos quedamos con las ganas, hasta que te das cuenta que es mejor quedarse con la culpa que con las ganas. Que no sabemos lo que hay ahí fuera porque es demasiado fácil vivir en nuestra zona de confort. Porque se nos ha olvidado el ser espontáneos y decir lo que se nos pasa por la cabeza, porque ahora somos más de analizar hasta la última coma de un mensaje de whastapp. Porque la vida es para vivirla y la vida es de los valientes, de los que presumen de cicatrices y no de las pieles impolutas que solo demuestran que nunca se han entregado a nada. Ni a nadie. Que siempre eligen el camino fácil porque se lo saben de memoria. Malditos cobardes. 



Así que después de conocer el caos, tan solo puedo decir que voy a jugármela. 
Tú si quieres, mientras, sigue buscando al príncipe azul que venga a buscarte a caballo para arroparte con la manta.
O a una princesa de refinados modales y castos vestidos que te bese en la frente antes de dormir.
Que yo quiero alguien que me quiera despeinada. Con mi desorden. Con mi locura. Con mi montaña rusa. Con mi caos. 
Porque ¿quién quiere ser viento, pudiendo ser huracán?
Pues eso, BENDITO CAOS

#BenditoCaos


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4 comentarios

  1. ¡Estefaníaaaaa!

    Yo es que ya no sé ni cómo ni porqué... pero es que hay textos que me definen completamente!!

    Gracias por tus palabras!

    Besos bella, xx

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  2. Simplemente fantástico!!!!

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  3. Bendito caos con mayúsculas, que llega y nos arrastra.
    Un beso.

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  4. Bendito CAOS. Una vez más me ha encantado. Muchas gracias

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