Basado en hechos reales: Me apeteces

viernes, mayo 18, 2018

Los últimos rayos del sol pintan el cielo de Madrid y acompañan mi paso ligero y mis pies perdidos entre canciones. Me paro en el semáforo y el sol que me ciega, me hace cerrar los ojos y perderme un poco. Cualquier momento es bueno para que nuestra mente se disperse. Y tarareando canciones y mientras enumero la lista de reuniones que me quedan, ahí estabas tú, en esa milésima de segundo de repente has pasado por mi cabeza. Y he sonreído. A veces me gusta acordarme de ti. Aunque sea sin querer.
Regards Coupable

Y al cruzar ese paso de cebra, he pensado que me apeteces. Un poco. O mucho. No sé. Quizás es lo malo de que llegue el calor, que a veces me acuerdo un poco de ti. Tampoco sé si está bien. O está mal.  De hecho creo que no deberías apetecerme, pero me apeteces. Y he pensado acerca de lo que debemos o no debemos hacer, de lo que está bien o está mal, de lo que es correcto o incorrecto y de si puedes o no apetecerme. 

La retahíla de Pepitos Grillo que me rodean me avisan de que no puedes apetecerme. Rotundamente NO. Olvídate, esto no es buena idea. Ese no es el camino. Pero de repente para mí el único camino que veo posible es el que recorren tus manos por mis piernas y tus labios por mis hombros. Rotundamente NO. Olvídate, esto no es buena idea. Pero qué bien besas.
Y vuelvo a pensar acerca de lo que debemos o no debemos hacer, de lo que está bien o está mal, de lo que es correcto o incorrecto y de si puedes o no apetecerme. Porque es jodido que esto te lo marquen los demás. Que a veces nuestro cuerpo no atiende a razones y lo guiamos por lo que los demás piensan que es correcto o no para vosotros. Pero acaso, ¿podré aprender de mis errores si nunca los cometo yo?

Y sigo caminando, dejando que la música inunde cada centímetro de mi piel. Y el sol nubla cualquier abismo de cordura, obligándome de nuevo a cerrar los ojos y dar rienda suelta a las idas y venidas de mi mente, que hoy, se ha acordado de ti. Y vuelvo a pensar que me apeteces. Y lo raro es que yo no me pregunto nada, no sé si está bien o está mal, pero me apeteces.

Paro en seco y exhalo el aire, como si eso me fuera a hacer pensar con más claridad. Entonces pienso eso de que sé que no debería, pero es que a veces la pelea entre tormentas y mente, está perdida antes de empezar. A veces las tormentas tiran más. Por más que haya un tira y afloja entre perder la razón o peder la vergüenza, las tormentas siguen tirando más. Y a veces quiero perder la vergüenza y pensar que no es un pecado que me apetezcas. Que por más que quiera, si de tormentas va el juego, acaba ya la partida porque saldré perdiendo. Parada en el paso de cebra vuelvo a exhalar el aire mientras el sol me ciega los ojos, pero la mente sigue nublada.

Ojalá contigo 
fuera capaz de parar en seco 
como en los pasos de cebra. 
Maldita locura esta de no saber parar.
Pero no es un pecado,
que me apetezcas.
Porque no pecar contigo,
si que sería un pecado.
#MeApeteces

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