Basado en hechos reales: Tengo que olvidarte

viernes, abril 13, 2018

Calcetas burdeos por encima de la rodilla y los pies descalzos. La cara desmaquillada y los labios color frambuesa. Sin barra de labios, solo brillo con algo de color. Braguitas de encaje y una camiseta blanca que lleva sin sujetador. Ya es primavera y el sol que entra por el balcón del salón aterriza en sus mejillas. Los ojos color miel y las pecas que empiezan a saludar por culpa de esta estación.

Ilustración Frida Castelli

Sentada sola en el sofá deja que sus dedos se pierdan dentro de sus braguitas. Y piensa un poco en él. Le divierte recordarle con su lengua entre sus piernas. Porque en ese momento se paraba un poco el tiempo. Y cuando él conquistaba su ombligo, se calmaban un poco las ganas.
Pero hoy también se acuerda de aquel que nunca rozó su piel. Lo ha desnudado en cinco mil vidas anteriores, pero no en esta. Una electricidad que daría luz a medio mundo pero sin valentía para ser capaces de perderse. Evitando lo inevitable, por miedo a encontrarse. Ganas en estado puro.
Hoy no era día para pensar en ninguno de los dos. Podía haber pensado en cualquier otro, pero ahí estaban ellos, nublándole hoy un poco la mente. Y aun así, suspiro final. Sonrisa. 

Nunca se me dieron bien las despedidas. Eso de hacer borrón y cuenta nueva, no iba conmigo. Siempre me explicaban que llegados determinados momentos, había personas que debíamos "borrar" de nuestra vida. Pero yo nunca lo entendí. No entendí el motivo por el que debía sacarlas de mi camino, si me parecían que eran energía. Energía. No sé, personas que de una manera u otra, conectaba con ellas. ¿Por qué tenía que alejarme de alguien que no me había hecho daño? ¿O por qué tenían que alejarse de mí? ¿Por qué había que hacer como si nada? ¿Por qué hoy es una sonrisa y mañana un "no nos conocemos"?

Nunca se me dieron bien las despedidas. Pero a veces tengo que olvidarte. A veces tengo que hacer como si nada. Contigo porque me quemaste la piel y con él porque tenemos pendiente que nos queme. Tengo que olvidarte. Olvidaros. Porque es ilegal quedarse si la atracción nos motivó en algún momento. Siempre me dio más miedo el magnetismo que el amor. Porque ¿cómo se desimantan dos imanes? Dicen que se hace causándoles desorden. Y nosotros ya estábamos desordenados. Jodidos imanes.

Tengo que olvidarte a ti, que venías de paso. Que poco pero fuerte. Que nuestras manos encajaban. También nuestras ganas. Que hay atracciones que no se podían disimular. Aunque quizás si pudimos negarlas. Pero yo no lo hice. Cenicienta. El zapato encaja y esa noche bailamos. A veces me gustaba ponerme esos zapatos, así que se hace raro que tengan que dejar de gustarme. No es drama, pero nunca se me dieron bien las despedidas. Tengo que olvidarte a ti, que a veces recordaba tus manos para perderme. Perdiendo el norte. Tener tu cuerpo cerca. Mi ropa en el suelo. Palabras fugaces que acaban con algún que otro incendio. Olvidarte. Coger las ganas de ayer y tirarlas hoy a la basura. Pues eso. Imanes.

También tengo que olvidarte a ti. Que tu mano en mi rodilla me ha hecho vibrar más que la tierra en sacudida. Que te echo de menos. Sin saber tan siquiera qué significa besarte. Nos hemos comido con los ojos, pero qué pena que nunca lo hayamos hecho con la boca. Me he imaginado tu camisa en el suelo de mi habitación. Demasiadas veces. Y mis manos en cualquier lugar que no debieran. Miradas que podrían contar demasiadas historias, empezando por esa que solo entiende de química. Solo entendemos de química. Porque tú y yo, somos eso. Una reacción inesperada. Punto de ebullición perfecto. Unas ganas que arden y tuvimos que congelar. Tengo que olvidarme de ti. Aunque una parte de ti nunca se haya ido. Olvidarte. Como si eso fuera fácil. Ojalá tu mano en mi rodilla. Siempre. Pues eso. Imanes.

Imán.
Gracia que atrae la voluntad.
O la anula.
Lo sé, tengo que olvidarte.
Pero qué jodido es desimantar un imán.
#TengoQueOlvidarte

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