Basado en hechos reales: ¿Por qué siempre la cago?

viernes, marzo 31, 2017

Llego a casa después de un día horrible y le doy tregua a mis pies bajándome de los tacones antes de llegar a mi habitación. Recojo mi pelo en un moño deshecho y desabrocho por completo los botones de mi camisa. En ese momento el sonido de un mensaje vibra en mis vaqueros y sonrío cuando veo su nombre en la pantalla. Me tumbo en la cama y leo su mensaje: no sé nada de él, pero lo que tengo claro es que voy a cagarla. 



- Elena: ¿Por qué siempre la cago?

- Silvia: Porque te es más fácil echar a los demás de tu vida antes de que te hagan daño que afrontar las cosas.

- Elena: Pero no entiendo por qué tengo tanto miedo a equivocarme si acabo siempre cagándola y con la sensación de haber dejado las cosas ir. 

- Silvia: Cuando entiendas que sentir no es malo y que equivocarse te ayudará a forjar tu camino, dejarás de cagarla. Una vez, tras otra. 

Y Silvia tenía razón, mis miedos habrían creado una coraza que me hacía defenderme antes de cualquier ataque. Me hacían analizar las sesenta y siete problemáticas que podían llevar una conducta para que luego la caída no me pillara desprevenida. Pero no daba tiempo a que me cayera porque tenía el don de cagarla antes. Nunca entendí tanto miedo a equivocarme, ni entendí tanta obsesión por protegerme. Cuando dolía más la armadura que lo que que iba a suponer el golpe. 

Y aquel día no iba a ser menos: la cagué. Sonreí con aquel mensaje y eso ya me hizo frenar en seco. No os creáis que pensaba en boda, en una relación o en el padre de mis hijos, tan solo era disfrutar un momento y no había más sobre la mesa, pero frené en seco. Y decidí sin pensarlo, hacer lo que hago siempre, defenderme sin haber entrado al ring. Mecanismos de defensa absurdos que tenemos los humanos pensando que así nadie joderá nuestra paz, creyendo que si hacemos ver que sabemos todo lo malo que nos harán (aunque jamás vayan a hacérnoslo) estaremos protegidos hasta la saciedad y no seremos vulnerables.

Y UNA MIERDA

Silvia tenía razón y estaba vez, sí iba a cagarla por lo menos que fuera abriéndome en canal y reconociendo que aquello simplemente eran una sarta de miedos absurdos que no frenaban más que mis ganas de él. Porque eso no era ser vulnerable, porque que te apeteciera alguien que ni siquiera conocías era una locura, pero era solo una posibilidad entre muchas de dejarme llevar. De por primera vez, retirarme después del primer, segundo o tercer asalto pero dentro del ring. No sin haberme subido. Y no sabía cómo lo haría porque él, después de aquello se bajó del ring. Obviamente, no iba a pelear contra alguien con una coraza de hierro, siete cascos, ocho espinilleras y puños americanos. 

Pero ahora estoy desnuda y en las mismas condiciones
Y te prometo que si subes al ring
el combate merecerá la pena

#SiempreLaCago


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2 comentarios

  1. Me encanta el epígrafe final sobre el ring. Feliz finde :)

    Carmen de Punta y Tacón.

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  2. Estupenda entrada cómo siempre.
    Un beso.

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