Basado en hechos reales: Me voy de ti

viernes, julio 06, 2018

Huir o aceptar. El instinto nos ha llevado siempre a huir cada vez que algo no nos gusta o nos hace daño. Elegimos siempre la solución fácil: huir de situaciones, huir de sentimientos o huir, en el peor de los casos, de personas. Huimos o nos engañamos, pero pocas veces somos capaces de aceptar e irnos. Pocas veces somos lo suficientemente valientes como para aceptar que hay cosas que tienen un final. Y quien dice cosas, dice personas. 

Ilustración Maria Uve

Nunca se me dieron bien las despedidas, porque nunca he tenido que despedirme. Nunca he sabido cómo se hace eso de olvidar a alguien que no quiero olvidar. Nunca he sabido cómo se hace eso de irme de alguien de quien no quiero irme. Nunca se me dieron bien las despedidas, pero tengo que aprender a despedirme. 

Siempre tuve claro que yo era de segunda B. Y nunca me importó, yo acepté estar en ese equipo. Pero a veces no cuentas con lo jodidas que son las expectativas porque yo siempre pensé que era la preferida de segunda B, no sé, Cristiano de segunda. Pero de repente sales al campo y te das cuenta de que eres una más entre once. Y que no eres más distinta que cualquier otra del equipo. Y con el partido a medias, llega el equipo de primera y te mandan al banquillo. Tú sabes que lo mejor es ir al vestuario, ducharte e irte a descansar a casa. Pero te dicen que es mejor que te quedes en el banquillo, que no vas a jugar pero que mejor no te vayas. Y eso haces, sentarte a esperar. Hasta que te das cuenta de que el entrenador solo tiene la necesidad de girar de vez en cuando la cara y ver que estás ahí. No porque le importes, sino porque sabe que si todo sale mal, tú serás la idiota que sigue sentada.

Me enganché a esa sensación de relación droga. A ese chute de energía que crees que compensa el bajón cuando se pasa el efecto de la heroína. Me enganché a sus idas y venidas y olvidé las despedidas. Me enganché a esa sensación de tener mono, de ingeniárnosla como fuera para acabar consiguiendo la mercancía. Me enganché a los "joder" como inicio de la tormenta. Dejé el amor aparcado hace años, y me volví adicta a esos ciclones pasajeros. Me volví adicta a todo aquello que me creaba caos y que me hacía que me temblara hasta la última célula de mi cuerpo. Me volví adicta a crear historias sin argumento para hacer que el sexo no nos pareciera un burdo intercambio de fluidos. Sin darme cuenta de que, como cualquier yonqui, me acabaría engañando a mi misma para poder sentir esa sensación de subidón después del chute, una vez más. Me engañé pensando que la atracción era única, que tú también notabas esa conexión cuando la ropa acababa en el suelo, que éramos esa cosa sin amor que a veces me nublaba un poco el juicio. Yo me enganché a esa atracción fatal pensando que era única, sin darme cuenta de que tú solo te habías enganchado a esa sensación de querer lo que no tienes. 

Porque valiente es quien se va sin haber querido irse, valiente es quien piensa por primera vez en si mismo, valiente es quien acepta que no es más especial que el resto, valiente es quien no se aferra, valiente es quien escucha a quien necesita desahogarse, valiente es quien solo desea que los demás sean felices, valiente es quien se queda con lo bueno. Valiente es quien a pesar de todo, al final del día, te sonreirá cuando te piense.

Valiente es quien es capaz de aceptar.
Valiente es quien es capaz de irse. 
Capaz de despedirse. 
Y yo ahora tengo que ser valiente. 
#MeVoyDeTi

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