Basado en hechos reales: No me mientas

sábado, noviembre 10, 2018

La música invade la hora de la ducha. El volumen al máximo como si envolverse en esas letras le hiciera ver las cosas de otra manera. Pero nada más lejos de la realidad, pellizco en la tripa. El agua ardiendo para calmar las ansias de todo y de nada, el agua ardiendo para desprender de la piel todo aquello que le ahoga. Siempre intenta hacer como si nada, pero es imposible no rozar el abismo cuando nada te sujeta. 

ilustración de Sara Herranz

Sale de la ducha sabiéndose vencida, sale de la ducha con un ejército de pensamientos que le rondan la cabeza. Ella tenía claro que le mentía. Que ella tan solo era el bloque de anuncios que entretiene mientras esperas con ansía una película. Ella lo sabía y aun así prefería no creérselo. ¿Alguna vez os habéis preguntado por qué somos fans acérrimos de esa manía absurda de mentirnos a nosotros mismos? ¿Os habéis preguntado alguna vez por qué preferimos vivir engañados suplicando migajas de cariño?

Le mentía. Y ella lo sabía. Pero ella había dejado de quererse. Ella había preferido dejar que le mintieran y poner su cariño en manos ajenas. Jamás pudo alejarse por más que todas las señales le advirtieran de que ella no estaba en su camino. Ella tan solo era una distracción más. El puente necesario para volver a casa, o a manos de quien nos espera. Pero no era ella y ella lo sabía. Aun así seguía sonriendo, sujetándose la vida con ganas de comérsela. Sabiendo que no era especial, sabiendo que nada la sujetaba. Tenía la cabeza lejos de ella, con los ojos puestos en otras pieles pero a veces se giraba y le silbaba por si ella no estaba siguiendo el camino de migas. Y ella se conformaba con eso, con las migajas que le hacían permitirse el lujo de mentirse a ella misma y creerse especial: "No lo eres" le advirtieron. Pero ella hizo oídos sordos, una vez más.

Designó como causa de felicidad sus ojos a un milímetro, sus labios rozándose y sus manos en su espalda dibujando todo aquello que nunca serían. Designó como causa de felicidad, alguien que no era ella misma. Y ese fue el error. Ese siempre será nuestro error mortal. Designar como causa de felicidad a alguien que no seamos nosotros mismos. Nos construimos a base de unas ilusiones que nos llenan los ojos, ilusiones absurdas y nimias que son capaces de tenernos con el alma en vilo. O más bien con las noches en vilo. Le mentía y ella lo sabía.

Su plan Z, su cara B de la moneda, su última preocupación al terminar el día, su otro lado de la acera, el antónimo de su prioridad, su mayor mentira. Y aun así ella le sonreía. ¿Cómo había dejado ella de quererse? 

No me mientas.
Corrijo.
No te mientas.
Y quiérete.
Quiérete tú.
Mucho. 

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