Basado en hechos reales: La pizza del Dcode

domingo, septiembre 27, 2015

Sé que no todos estuvisteis en el Dcode para saber de qué estoy hablando, pero me veo en la necesidad de contarlo y estoy segura de que os habrá pasado algo similar alguna vez...
Resulta que la semana pasada tuvimos la oportunidad de acudir al Dcode en el que tocaban Supersubmarina y yo con esto, obviamente ya era más que feliz.
El caso es que llegábamos tarde y mi hermano sugirió cenar antes de llegar al festival, le dije que imposible porque sino me iba a perder el concierto. Así que le dije, que no se preocuparan porque en el festival habría mil puesto para comer.

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ERROR!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!



Nunca y digo nunca, dejes la suerte de tu estómago al azar de un festival. Y con nunca digo nunca. El que avisa no es traidor, si lo haces lo pagarás CARO.

Llegamos al festival, escuchamos el super concierto de Supersubmarina y de repente se escuchó la frase maldita: TENGO HAMBRE.
Y todos sabemos cuál es el problema de esa frase a ciertas horas de la noche: que se contagia. Sí, no se podría contagiar la hermosura o la inteligencia, se tenía que contagiar el hambre... 
Pero no nos importó cuando de repente, a lo lejos, como si de un manantial de agua en medio del desierto se tratase, vimos el cartel: PIZZA ARTESANA.
Creo que en mi familia es imposible describir el orgasmo estomacal que supone comerse una pizza. Y allí estaban ellas, a lo lejos, esperándonos como agua de mayo, como espera un perro a su dueño en la puerta del Supermercado. No quisimos girar nuestras cabezas para abrirnos a otras posibilidades culinarias, una pizza artesana te cambia la vida un sábado de madrugada.

Nos acercamos al puesto de Pizza artesana y vemos un cartel en el que pone que el precio de la pizza son 9 euros. No nos importa, por ese manjar artesano yo pago 9 euros encantada de la vida.

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ERROR!!!!!!!!!!!!!!!!! En mayúscula, subrayado, en negrito y con carteles luminosos. Es lo típico que vas a morirte y te preguntan por los tres mayores errores que has cometido en la vida, sin dudarlo diría en primer lugar: pagar por una pizza del Dcode.

Me acerco al puesto de pizzas sorteando cientos de personas y por fin, consigo hacerme con hueco en la barra. Incrédula de mi me creo que ya he llegado a la meta pero realmente ahí comenzaba la gran odisea. A mi izquierda había una chica que llegó con 30 años y se fue con 35. A mi derecha un chico que llegó con pelo y se fue con calvicie. Les sonrío y les hago la pregunta del millón:

- ¿Sabéis qué ingredientes se les puede echar a las pizzas?
La carcajada del chico la escucharon mis padres en Almería.

- Dirás "el ingrediente", porque solo hay uno. Puedes elegir la pizza con jamón york o con jamón york.

- Bueno por lo menos no es una pizza de piña. Que me moriré sin entender a esas personas que le echan piña a la pizza. Y otra pregunta ¿dónde cojo mi turno para pedir la pizza?

- Bonita, mira a tu alrededor. Esto es la ley del más fuerte.

Y ahí sin más miramientos, empezó el periplo hasta la pizza deseada. Pero estaba equivocada si pensaba que el camino hasta llegar a ella, iba a ser una camino lleno de rosas...

Ahí estaba él, desafiante, rey entre los reyes y dueño de todas las tierras que tenéis ante vuestros ojos: EL PIZZERO DEL DCODE.

Sí amigos, el camino de rosas se convirtió en un camino de espinas. El pizzero del Dcode se encontraba delante del horno haciendo sus pizzas pero de repente, se paró, nos estudió a todos con detenimiento y sentenció. SENTENCIÓ. SENTENCIÓ con la mirada. En ese momento me di cuenta que él repartía el bacalao, me di cuenta de que mi suerte estaba en su mano.
Seguía mirándonos a todos, como si de un emperador romano que se regocija en el sufrimiento del gladiador se tratase. Nosotros, los gladiadores pizzeros, esperábamos su veredicto. Esperábamos que su dedo acusador nos apuntase, de ser así, seríamos los elegidos y merecedores de la siguiente pizza que saliera del horno. Esto es REAL. O sea, no podías elegir el sabor de la pizza y no había turnos, la pizza salía del horno y el pizzero del Dcode miraba a las cientos de personas que había esperando, y decía a quién le entregaban la pizza...
El pizzero del Dcode era conocedor del poder que tenía ante nosotros, por lo que se permitía incluso, hasta chillarnos!!! Creo que no he asistido a un espectáculo más dantesco en mi vida, pero de repente, su dedo acusador me señaló y una de sus chicas se acercó a mi con nuestro preciado trofeo: 3 PIZZAS ARTESANAS!!!

Le damos el primer bocado y nos miramos atónitos. El jamón york que llevaba debía ser de cuando el pizzero hizo la comunión y comerse un chicle del suelo sabía mejor que la masa CRUDA y chiclosa de la pizza. Eso sí, llevaba 3kg de orégano para que no pensaras que te estabas comiendo una suela de zapato.

En definitiva, artesanas, los cojones. El puesto se llamaba Pizza artesana, en singular, porque solo había una pizza artesana que se comieron ellos. Queridos amigos, esto es una amenaza, con la comida NO SE JUEGA...

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